Hiroshima y Nagasaki miran a los JJOO de 2020La iniciativa es parte de las acciones de Alcaldes por la Paz13-oct-2009 Maribel Hernández Sánchez
Los mandatarios de ambas ciudades estudian presentar al COI una candidatura conjunta que culmine el proceso de abolición del armamento nuclear
Después del fracaso de Tokio en su intento de ser elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2016, las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki se perfilan como posibles candidatas de cara a las Olimpiadas de 2020. El anuncio se hico público el pasado fin de semana, tras conocerse la noticia de la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente estadounidense Barak Omaba, en virtud de los esfuerzos realizados “en la perspectiva de un mundo sin armas nucleares", según declaraciones del presidente del comité noruego, Thorbjoern Jagland. Ataque nuclearHiroshima y Nagasaki son las dos únicas ciudades del mundo que han sufrido un ataque nuclear, perpetrado por Estados Unidos a finales de la Segunda Guerra Mundial, y ambas encabezan el movimiento internacional por la abolición de este tipo de armamento. "No es algo que deba dejarse sólo en manos del presidente Obama o en manos de los gobiernos", dijo el domingo el alcalde de Nagasaki, Tomihisa Taue, en declaraciones recogidas por Reuters. "Cada uno de nosotros tiene un papel en esto y albergar los Juegos podría ser uno de los papeles para las ciudades que sufrieron ataques nucleares. Miraremos la posibilidad de hacer una oferta", añadió Taue. Los alcaldes de estas dos ciudades barajaron la posibilidad de una candidatura conjunta a los Juegos el pasado mes de agosto, durante una reunión de Alcaldes para la Paz (Majors for Peace), una organización antinuclear integrada por más de 3.000 ciudades del mundo repartidas en 134 países, y presidida por el alcalde de Hiroshima, Tadatoshi Akiba. "Tenemos el poder, tenemos la responsabilidad y somos la 'Obamayoría'. Juntos, podemos abolir las armas nucleares. Sí, podemos", dijo Akiba, tras reiterar su apoyo al presidente norteamericano, el pasado 6 de agosto durante los actos celebrados en el Parque Memorial de la Paz, con motivo del 64º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. La distancia no es problemaLas ciudades ya se han puesto manos a la obra y por el momento se ha creado un comité que evaluará la viabilidad de la propuesta, que según la normativa vigente del Comité Olímpico Internacional, sólo puede recaer en una única ciudad. Uno de los obstáculos que deberán solventar en su candidatura es la distancia geográfica que separa a ambas ciudades, alrededor de 300 kilómetros. Sobre este tema, el alcalde de Hiroshima señala que esta cuestión no tiene por qué suponer un problema. "Sólo lleva 30 minutos más o menos ir de una ciudad a otra en avión", y aunque a priori, "puede que geográficamente estén alejadas, no están tan lejos en lo que respecta al tiempo de transporte”, puntualizó. Alcaldes por la PazLa candidatura de Hiroshima y Nagasaki como sede olímpica en 2020 se enmarca dentro de los esfuerzos que viene desarrollando la organización Alcaldes para la Paz, con el fin de conseguir el objetivo que se han marcado para esa fecha: lograr que el mundo sea, definitivamente, un lugar libre de armas nucleares. Para ello han iniciado una campaña mundial de apoyo al Protocolo Hiroshima Nagasaki. Este texto, que fue presentado el pasado mes de mayo, es un protocolo complementario al Tratado de no proliferación de armas nucleares (TPN), que pide a los Estados parte que cumplan con los compromisos adquiridos respecto al desarme nuclear. Testigos del horrorLittle Boy y Fat Man, así se llamaban las dos bombas nucleares que el 6 y el 9 de agosto de 1945 cubrieron el cielo de Hiroshima y Nagasaki de una nube tóxica y letal. La imagen del hongo en expansión sobre las ciudades japonesas ha quedado grabada para siempre en la retina de la Historia como testigo del horror que puso el punto y final más escalofriante a la Segunda Guerra Mundial. Momentos después de que el Enola Gray dejara caer el artefacto, el copiloto de la nave, Robert Lewis, se preguntaba, en unas palabras ya históricas: “Dios mío, ¿qué hemos hecho?”. Habían lanzado una bomba nuclear sobre una ciudad que ya nunca volvería a ser la misma, provocando la muerte instantánea de entre 70.000 y 80.000 personas. Eran las 8:15 horas cuando la temperatura se elevó en más de un millón de grados, generando una bola de fuego de unos 256 metros de diámetro que, en menos de un segundo, se expandió a 274 metros. La explosión se pudo sentir a más de 59 kilómetros de distancia, y su radio de destrucción se extendió a 1,6 kilómetros, dejando tras de sí más de 12 kilómetros cuadrados de absoluta desolación. Días después, la terrorífica escena volvería a repetirse en Nagasaki, lugar al que habían huido buscando refugio muchos de los que sobrevivieron al primer bombardeo. A finales de 1945 se calcula que el total de fallecidos alcanzaba ya la cifra de 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki. Entre las causas de la muerte del 15 al 20 por ciento de los casos figuraban las enfermedades como consecuencia de la radiación (principalmente leucemia y otros tipos de cáncer). “Si no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de ruina desde el aire, algo nunca visto hasta ahora sobre esta tierra”, amenazaba el presidente que ordenó los bombardeos, Harry Truman, después de que cayera la primera de las bombas. El 15 de agosto Japón anunció su rendición. Tras los ataques nucleares, Hiroshima y Nagasaki han sido reconstruidas como ciudades en memoria de la paz.
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